El eterno retorno:
Ahora ya, sin el funambulismo de los cierres transoceánicos, sin hipotetizarsalpicando párrafos que habrán de encajar con toda urgencia en la confección del puzzle, un ojo en las imágenes y el otro en la pantalla, puede uno intentar reflexionar sobre lo acontecido en el Tennis Garden de Indian Wells. Hubo momentos, después de dejar pasar las dos pelotas de 4-0 en el primer parcial y ya con break abajo en el segundo, que retrotrayeron a las semifinales del mismo torneo Wells y de Miami en 2010, contra Ljubicic y Roddick, perdidas ambas tras haber suscrito los expedientes necesarios para ganarlas, perdidas ambas de un modo impensable en un tenista poco dado a las concesiones. Venía entonces, como ahora, de otro largo período de obligado absentismo laboral, corto de competición, de autoestima, seriamente preocupado respecto a cómo reaccionaría en la vuelta al oficio de competir. Le costaba convertir las numerosas oportunidades creadas frente al servicio del admirable Del Potro: cuatro de 18 en pelotas de break, un registro que suele aparecer normalmente en el otro lado del marcador. Pregúntenle aFederer, por ejemplo, con el sabido condicionante del resto del zurdo en el lado de las ventajas.
Empezaba a escribirse la historia de los méritos contraídos, de un balance muy por encima del esperado después de más de siete meses de baja. Obligada la loa a Juan Martín del Potro, capaz de cobrarse tres piezas tan codiciadas, Murray, Djokovic y Nadal, de una tacada, ¿había vuelto, al fin, el campeón del Abierto de Estados Unidos de 2009? Tal vez. Pero tendrá que esperar. Paciencia en el cierre de la edición. Deténgase los dedos veloces, precipitados, sobre el teclado. Porque al chico ya no se le enganchan las derechas en el clavo, vuelve a esgrimir habilidades tácticas, a incomodar alaltón, que empieza a pagar el trabajo de las jornadas precedentes y le ve venir, sabe de quién se trata, el mismo que le ha vencido en siete de sus diez citas, el que culminó con éxito cada uno de sus retornos, por muy duras que fueran las condiciones del rescate, por mucho que hubieran podido cambiar las cosas en su ausencia. Y Nadal que piensa, más rápido y más claro que los demás. Y ejecuta. La rodilla sanada por la adrenalida del combate, como reconoció tras acabar con Berdych. La presencia de ánimo, el carácter irreductible, la tendencia a ofrecer lo mejor de sí cuando más extrema es la situación...
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